Comienza a ser una costumbre comenzar el año escribiendo sobre ese atractivo y desconocido mundo del marketing mobile y, comenzando una nueva década, no iba a ser esta columna menos.
En anteriores eneros siempre he afirmado, a modo de resumen, que ése no iba a ser el año del móvil, a pesar de que todo el mundo lo esperaba y aclamaba con verdadero ansia. Sin embargo –alguna vez tendría que ser- me atrevería a decir que sí, que quizá el 2010 suponga el pistoletazo de salida a este nuevo formato. Y para que esto no quede en plan oráculo, describiré brevemente las razones por las que creo estamos muy cerca de un verdadero comienzo.
Mientras que hasta ahora hemos hablado siempre de los terminales y de los usuarios, en mi opinión ha sido otro el factor detonante: la tarifa plana. Al igual que ocurrió con Internet, la conexión sin horarios (casi escribo libre, fíjese qué descuido) y sin minutajes ha aumentado tanto el uso como la costumbre a la utilización del móvil como terminal de Internet porque, no nos engañemos, la verdadera revolución no está en los terminales sino en Internet, que pasa de ser utilizado en la oficina o el salón de casa al autobús, tren, cafetería y esperemos que en Madrid, algún siglo, en el metro.
Este creciente uso del móvil ha hecho que los usuarios comiencen a percibir el teléfono de otra forma. Del “yo sólo lo uso para llamar y enviar mensajes” hemos pasado a una demanda, que comienza a ser más que importante, del smart phone. A esto añadimos la proliferación de ordenadores muy muy chiquiticos y el arranque del eBook. Todo unido conforma una nueva red de puntos de acceso a Internet sin una procedencia concreta y, de este modo, una nueva forma de llegar al usuario (recordemos que una misma persona en la oficina o en casa conformaban dos actitudes diferentes; imagínense ahora).
Así que, esta vez sí, me atrevo a decir con la cabeza erguida que quizá 2010 sea el año del marketing mobile. Dixit.
Publicado en El Periódico de la Publicidad



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